11 de febrero de 2026

Soy un peligroso radical…dicen

Magazine SLV. Artículo de opinión de Gabriel Trejo, licenciado en historia y experto universitario en criminología

Hoy , cuando me he levantado, he podido saber que he sido rebautizado como un  peligroso radical miembro de la Kale Borroca. Algo que me ha sorprendido de tal manera que no me queda otra que escribir y ofrecer una explicación lógica, si la hubiera, en mi descarga, sobre este asunto.

Harto de ver cómo en Gaza son tiroteados niños, cuyo único delito es abrazarse a un saco de harina o de arroz en los escasos repartos de comida que se hacen en Palestina. Cansado de escuchar que en los hospitales las operaciones de los heridos y los partos de las mujeres se hacen sin anestesia. Indignado al conocer que el 80% de las muertes que se están dando en este genocidio son mujeres, niños y ancianos, decidí, junto con el resto de mi cuadrilla, asistir a la protesta por el paso de la vuelta ciclista por sanse.  

Tras envalentonarnos con un par de descafeinados con hielo, algo de agua mineral con gas y un cortado, decidimos emprender la marcha camino de consumar nuestro derecho constitucional a la manifestación por algo que consideramos injusto, inhumano y contrario al derecho internacional, y que ha sido condenado, entre otras organizaciones de derechos humanos , por UNICEF; SAVE THE CHILDREN, MÉDICOS SIN FRONTERAS, AMNISTÍA INTERNACIONAL,  y un largo etcétera , todas ellas, organizaciones infestadas de peligrosos zurdos antisemitas como argumentaran algunos y algunas en esa mentira permanente que se ha establecido entre algunos políticos.

Éramos seis: tres mujeres y sus respectivas parejas, todos ya con canas y cercanos a la sesentena, pertrechados de una bandera , una bufanda palestina y  dos kufiyas.

Tras hacer un alto a la altura del cementerio, más por el calor y el sofoco que por las ganas de ocupar el espacio que nos tengan reservados, coronamos la rampa donde nos saludaron  dos brillantes furgones policiales con ocho fornidos antidisturbios correctamente desplegados. Lo que hace falaz la primera aseveración que no había policías suficientes en la vuelta ciclista. Según han reconocido hoy los sindicatos policiales, se habían desplegado 1200 policías nacionales, de los que 550 eran antidisturbios; 800 policías municipales y cerca de 400 guardias civiles, más los policías de los pueblos por donde iba pasando la vuelta. En total se calcula que cerca de ¡!tres mil policías!!. Y aún así a algunos/as le parecen pocos

¡Ocho policías en una glorieta! Decía con rabia un amoscado mozalbete con su bandera palestina al viento.  Es una vergüenza, han llenado de policías todas las calles, parece como si estuviéramos en una dictadura. Comentario éste que hizo que un abuelo que le escuchó le contestase

.- Por lo menos te dejan manifestarte. Yo, que luché contra la dictadura, te puedo asegurar que en las dictaduras los gobiernos y la policía actúan de otro modo. Da gracias que hay un gobierno democrático, sino te corrían a palos nada más que asomaras el morro hoy.

Visto que el muchacho no quedaba muy conforme de la explicación del abuelo, acudió en su ayuda una mujer que estaba oyendo al chaval.

,. Mira hijo. – le dijo con un gesto maternal. – ayer hablé con una amiga por videoconferencia. Vive en Argentina, y es muy activa en redes sociales contra Milei. ¿Sabes lo que me dijo?.- a estas alturas el chico seguro que estaría arrepintiéndose de sus palabras.- Pues que habían  ido dos policías de paisano a su casa para advertirle que deje de criticar al Presidente argentino por redes sociales  sino quería tener problemas. Eso es una dictadura. Y ese presidente, te recuerdo, tiene la medalla de la comunidad de Madrid. Que no te engañen que la libertad no es poderse ir a tomar cañas, la libertad es algo más importante.

El calor seguía apretando y ya éramos casi trescientos. Una amiga que me acompañaba me dijo que había hablado con su hijo, que estaba en la zona de la menina de Alcobendas, y allí había unas dos mil personas con banderas. Mi amiga estaba exultante. -Sanse y Alcobendas ha respondido me decía. Qué bien.-

Teníamos contacto a través del móvil con una amiga que por motivos personales estaba en casa viendo  la televisión. Nos avisó que Isabel Díaz Ayuso había ido a la salida a saludar al equipo israelí. Aquello fue comentado y arreciaron los gritos: ¡palestina vencerá! ¡No es una guerra, es un genocidio! . Una mujer, que tenía un remedo de bebé herido sobre su regazo, expuso que era una postura poco humanitaria ir a saludar al equipo israelí cuando está sucediendo la masacre civil en Palestina.

Cerca de las cinco de la tarde apareció mi amigo Paco. Hacía tiempo que no le veía. Habíamos hecho amistad compartiendo algunos entrenos por la dehesa y carreras populares. Le vi algo más pasado de peso y se lo comenté. Me dijo que con más de setenta años y dos nietos había decidido retirarse de las competiciones y de los entrenos.  Paco saludó al abuelo que había aleccionado al joven ya que le conocía y éste, no pudo por menos que comentarle el asunto.

.- ¿Qué te parece Paco… que dice un chaval que esto es como una dictadura porque hay ocho policías en la rotonda?.

Paco sonrió abiertamente.

.- ¿Una dictadura?. Sí…Social-comunista y bolivariana como dicen algunos. – .- Paco bromeaba con ese humor seco que le caracteriza .- para ser una dictadura comunista no se le da mal a los bancos, ya que ganan cientos de millones al semestre y se puede gritar en la calle Pedro Sánchez hijoputa. A mí me van a decir lo que es una dictadura que me metieron en chirona con quince años por montar el sindicato en mi empresa. Quien dice esas tonterías es porque le gusta el pienso para bobos. – Concluyó mi amigo

A las cinco de la tarde el número de motos de la guardia civil y de la policía iba aumentando mientras manteníamos la conversación. Nuestra amiga desde su casa nos mandaba el mensaje que la Vuelta estaba pasando por Algete. Los policías antidisturbios se pusieron el casco protector. Las banderas palestinas se duplicaban por momentos. Ya éramos cerca de quinientas personas. Los móviles ardían .- La glorieta de Las Meninas está llena de gente con banderas palestinas y se grita también  con fuerza contra el genocidio.- Nos informaba  otra manifestante a mi lado.  Una cinta de plástico con el lema “policía NO pasar”, establecía la frontera entre la acera y el asfalto prohibido para los quinientos “radicales” , algunos con chupete, que allí nos concentrábamos. Un joven sufrió un leve empujón por detrás y para no perder el equilibrio puso el pie en la carretera, un policía fijó su mirada en él y el chico hizo un gesto que llevaba implícita una disculpa. Otro joven, de aspecto árabe, con una luminosa sonrisa enseñaba a los agentes por segunda vez su documentación y la mochila que llevaba a la espalda. Todos cumplíamos nuestro papel en aquella obra: nosotros gritando fuerte  por el fin de la masacre de civiles,  los policías correctos pero firmes, faltaban los actores principales: los ciclistas.

.- ¿Sólo hay manifestantes esperando la vuelta?.- Preguntó una chica. -No, contesté. Mira enfrente: hay un padre con su hijo de cinco o seis años; un chico con una bicicleta vestido con un maillot, y el conserje de fin de semana de esa empresa que está viendo todo a través de los barrotes. La chica fijó su mirada en la dirección que le había señalado y me sonrió agradecida.

Cinco todoterrenos de antidisturbios de la guardia civil pasaron en sentido contrario al que habían recorrido hacía apenas diez minutos. Aquello no me pareció normal pero no hice comentario alguno. La gente no paraba de gritar ¡Palestina vencerá! ¡No es una guerra, es un genocidio! De repente me di cuenta que hacía tiempo que no pasaba ninguna moto ni coche de la vuelta. Había un silencio sepulcral en el asfalto sólo roto por nuestros gritos. La gente seguía gritando, pero mi instinto me decía que aquello no era normal. Uno, que ha durante su trayectoria profesional prestó varias veces servicio en la vuelta, sabía que antes de la llegada de los ciclistas, una marabunta de motos de la guardia civil, periodistas, miembros de la organización, etc,etc,etc atronarían la calle anunciando la inminente llegada del pelotón , pero allí sólo había silencio de motores ,quinientos pacíficos manifestantes y ocho sufridos antidisturbios que aguantaban el calor de manera estoica. Pasaban los minutos y la gente empezó a mirarse unos a otros extrañados. Habían comunicado hacía diez minutos que estaban a la altura del Decathlon. Era mucho tiempo para recorrer el apenas kilómetro que nos separaba de donde habían sido visto por última vez el pelotón.

.-  La han desviado… han desviado la vuelta por Tempranales. -gritó una chica que veía Televisión Española a través de su móvil.

La gente bajó las banderas y empezaron los corrillos. La mayoría sacaron sus teléfonos para comprobar que lo dicho era cierto.

.- Es verdad… han desviado la vuelta. No van a pasar por aquí.

Al principio hubo un murmullo general de enfado, hasta que el razonamiento de los más veteranos abrió las mentes; ¡ha sido una victoria! No han pasado. Una tromba de aplausos y de felicitaciones fue el final de la fiesta. Tranquilamente la gente plegó sus banderas y empezó a abandonar la glorieta en la que los policías también se hacían preguntas entre ellos.

Al día siguiente me levanté y descubrí que aquello que habíamos hecho, disfrutar de nuestro derecho constitucional a la manifestación y a la protesta, era un acto de ¡violencia política! Discúlpenme señores… violencia política es cantar el cara el sol enfrente de la sede de un partido político en el gobierno. Vandalizar sus sedes. Lanzar un artefacto explosivo …etc.etc. Lo que hicieron miles de madrileños es decir a sus gobernantes “NO AL GENOCIDIO” “NO AL BLANQUEO DE UN ESTADO ASESINO” “NO A LA MATANZA DE NIÑOS, MUJERES Y ANCIANOS”” NO A LA VIOLACIÓN DEL DERECHO INTERNACIONAL”  Y eso se hizo sin poner en riesgo a los ciclistas, porque el pueblo de Madrid , que dio un ejemplo de solidaridad y humanidad, ocupó las calles ante de las llegada de los ciclistas, por tanto tan falaz es la falta de efectivos policiales  que se argumenta, como el peligro a los ciclistas. El cabreo de parte de la clase política es porque se quedaron sin la foto en el pódium con los vencedores, que al día siguiente sería titular en todos los periódicos.

¿Que radicalidad se le puede atribuir a los abuelos, niños, padres, mujeres, jóvenes y demás ciudadanos que en todo momento atendieron las indicaciones de policía, que no mostraron agresividad alguna, que gritaban fuerte y alto contra la indecencia de permitir que un equipo financiado por un gobierno asesino circule por nuestras calle?.

Flaco favor hace quienes acusan de radicalidad a la protesta pacífica de una población civil que en el 82 % está en contra de lo que sucede en Gaza. Y peor estilo es utilizar las redes sociales para criminalizar a parte de la sociedad, porque los aduladores que revolotean alrededor de los cargos políticos, mientras estén en ellos, inmediatamente elevan el tono y amenazan o descalifican gravemente a quienes sólo usaron su derecho constitucional, insisto: “CONSTITUCIONAL” , a la protesta y a la manifestación, y sino vean los comentarios en el Facebook de algún cargo municipal: “rojos, asquerosos, sinvergüenzas,…” y otras lindezas.

Los que estuvimos allí, y hablo con conocimiento de causa, condenamos tanto el atentado de Hamás , como los asesinatos de la población civil en Gaza, y lo hacemos porque el pueblo siempre se posiciona con las víctimas. Son sus gobernantes, por intereses espurios y adulación a sus jefes de Madrid, los que se posicionan con los agresores. ¿Queda claro?

Gabriel Trejo es licenciado en historia y experto universitario en criminología. Ha dado clases en universidades sobre grupos violentos.