Magazine SLV. San Sebastián de los Reyes. El espectáculo que acogió el Teatro Adolfo Marsillach el pasado sábado fue un éxito de público y de crítica
La magia del teatro musical es una realidad en We Love Disco. Y es que incluso, desde antes de empezar el espectáculo, los espectadores pueden sumergirse en un mundo lleno de canciones y bailes de la época de los 80 hasta la actualidad. Los pies se van solos ante un plantel de cantantes y bailarines llenos de energía. Sin duda, es un acierto haber traído al Teatro Adolfo Marsillach de San Sebastián de los Reyes un trabajo así. Puedes tener un día malo, pero todo se te olvida viendo a estos genios de la animación. Cuando cantar y bailar da sentido a la vida.

Foto: Magazine SLV
Más allá de ese aspecto disfrutón hay que destacar la gran capacidad vocal de Claudia Molina y sus compañeros. La que fuera ‘hermana mayor’ en la serie Ana y los 7 lidera a un plantel al que da gusto ver interpretar versiones de Abba, Gloria Gaynor o Jennifer López. Cantan de lujo. Y, además, saben meterse al público en el bolsillo con su idea de interactuar con él. No sabes lo que puede pasar. Te pueden sacar a bailar al escenario, te pueden pedir que te des un beso con tu pareja en la ‘Love Cam’ o que te levantes del asiento a dar unos pasos. Pirw magia.
Una hora y cuarenta y cinco minutos que se pasan volando. Se nota mucho el sello de Yllana en la producción del espectáculo. Hay humor y un conocimiento excelso de como llevar el tempo. Intercalar canciones lentas con otras bailables es otro de los puntos fuertes de We Love Disco. Es imposible aburrirse. Y es que cuando tu mente desconecta unos segundos llega la canción indicada para hacerte bailar.
Para los más jóvenes (y mayores) es un punto a favor que dejen grabar con el móvil y hacer fotos. Este evento merece ser inmortalizado en la memoria, pero también en las redes sociales. Todo el mundo debe conocer que hay que ver este trabajo en cuanto se tenga ocasión. Y si se tiene la oportunidad de repetir no dudes en volver a verlo. Eso sí, luego es imposible irte a casa porque tu cuerpo te pedirá seguir bailando.
El lleno del Teatro Adolfo Marsillach del pasado sábado no fue casualidad. El público sabe distinguir perfectamente donde está una buena fiesta. Luces, color, imagen, voces increíbles y coreografías curradas. Parece fácil, pero combinar todo esto es un mérito enorme. Cuando cantar y bailar da sentido a la vida. ¡Viva el teatro musical!

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