13 de marzo de 2026

Juanmi Esteban triatleta español historia de superación Ironman Lanzarote

Juanmi Esteban, del patio de prisión al Ironman: la historia de superación del triatleta español

San Sebastián de los Reyes. Juan Miguel Esteban Aceituno, conocido como Juanmi Esteban, es uno de los ejemplos más impactantes de superación personal en el deporte español. Tras pasar más de una década en prisión, donde comenzó a correr en un pequeño patio de apenas 110 metros, transformó su vida a través del deporte hasta convertirse en triatleta de larga distancia, ganar pruebas de medio Ironman y representar a España en el Mundial de Triatlón.

Juanmi Esteban triatleta español historia de superación Ironman Lanzarote

Hoy su vida ha cambiado de nuevo. Después de una grave lesión que le obligó a pasar por más de 15 operaciones y a llevar una prótesis en la pierna, el deportista madrileño sigue vinculado al deporte desde otro lugar: la gestión deportiva y el acompañamiento a personas que buscan en el ejercicio una forma de superación personal.

Actualmente trabaja en el grupo Nordestada, que gestiona instalaciones deportivas municipales en San Sebastián de los Reyes, mientras continúa impulsando su proyecto social Corre Libre, con el que ayuda a personas con enfermedades, discapacidad o dificultades económicas a acercarse al deporte.

En esta entrevista repasa su presente, sus inicios en el triatlón, la preparación de Ironman de Lanzarote, sus mayores logros deportivos y el duro proceso de recuperación tras su lesión.

Pregunta. Después de todos los avatares de tu vida, ¿cómo es el Juanmi actual y cómo es su vida?

Respuesta. Ahora mismo estoy trabajando en el grupo Nordestada, que gestiona dos polideportivos municipales de San Sebastián de los Reyes, La Dehesa Boyal y La Viña Fitness. Después de todo lo que he vivido, mi vida está muy vinculada al deporte, pero desde otra perspectiva.

Por mi trayectoria e imagen estoy centrado en labores de gestión deportiva, intentando buscar nuevas actividades, hablar con la gente, motivarlos, ilusionarlos y echarles una mano en lo que esté a mi alcance. Me gusta estar cerca de los usuarios, escuchar sus necesidades y crear propuestas que les ayuden a disfrutar del deporte.

Tal y como tengo ahora la pierna, evidentemente ya no puedo hacer el deporte al nivel que lo hacía antes, pero intento aportar desde otro lugar: generar iniciativas, darle una vuelta a lo que ya existe en los centros deportivos y buscar alternativas que se adapten mejor a las personas que entrenan allí.

Al final, el Juanmi de hoy es alguien que intenta seguir vinculado al deporte, motivar a otros y ayudar a la gente a encontrar en la actividad física una ilusión o una forma de mejorar su vida, que es algo que a mí me cambió completamente.

P. Tras tu paso por la cárcel, tu verdadera historia como atleta comienza con la preparación para el Ironman Lanzarote. ¿Cómo viviste aquellos primeros entrenamientos?

R. Cuando yo decidí hacer un Ironman fue porque conocí a un amigo que tiene esclerosis múltiple, que de hecho tiene una película titulada 100 metros. Le dije que quería hacer algo grande y él me propuso ir juntos a hacer el Ironman de Lanzarote.

Yo no había nadado nunca, montar en bici lo justo, y lo único que hacía era correr. Así que aquello fue una auténtica locura. Además, yo estaba en una situación personal un poco peculiar por todo lo que había vivido. Los entrenamientos fueron muy duros. En el agua prácticamente me iba pegando o arrastrándome, porque era muy malo nadando y no tenía ninguna seguridad de que pudiera completar los 3.800 metros seguidos.

Y claro, después de nadar tienes que hacer 180 kilómetros en bici y luego correr 42 kilómetros. Preparar algo así no es simplemente salir un día a nadar y otro a montar en bici. Hay que hacer entrenamientos cruzados, nadar y luego ir a la bici, o montar en bici y luego correr. Y sobre todo el volumen de entrenamiento es enorme.

Yo tenía un objetivo claro: clasificarme para el Campeonato del Mundo en la primera prueba que hiciera. Pero no caí en que Hawái pertenece a Estados Unidos y a mí me ponían muchas trabas para entrar al país.

Antes del Ironman pensé que necesitaba hacer una prueba más corta para aprender cosas básicas como las transiciones. Me apunté al Campeonato de España en Sevilla, que era un mes antes, y en mi debut en media distancia terminé tercero.

Quince días después tuve una rotura de fibra bastante grande, así que no pude luchar por la clasificación. Pero al final todo el proceso me enseñó algo muy importante.

Después de tantos años dando vueltas en ese patio de prisión, en esa “curva perpetua” como dijo Michael Robinson, las pruebas de resistencia me permitieron evadirme, pensar en nada y dejar que pasaran las horas mientras completaba cada disciplina.

P. El triatlón de larga distancia exige mucha disciplina. ¿Cómo organizabas tu entrenamiento?

R. Gran parte del entrenamiento lo hacía en casa porque tenía rodillo para la bicicleta y una cinta de correr. Para mí era básico entrenar las transiciones y aprender a correr en fatiga.

Por ejemplo, hacía una sesión de bici, me quitaba las zapatillas de ciclismo y me subía directamente a la cinta a correr. Eso significa muchísimas horas solo. Llega un momento en que ni piensas ni escuchas nada, estás completamente desconectado.

Yo he preferido siempre entrenar solo porque esa soledad me daba fuerza. En la cárcel algunos funcionarios se reían de mí cuando me veían correr en el patio y me preguntaban qué pensaba conseguir con eso. Ahora soy yo el que ríe, porque gracias a ello he podido ganar pruebas importantes.

P. ¿Qué resultados marcaron un antes y un después en tu carrera?

R. Hay varios momentos importantes. Uno fue mi debut con el tercer puesto en el Campeonato de España de media distancia. Luego llegaron victorias que para mí fueron muy especiales:Half de Madrid Banco Santander (2019) Half de Tarragona / Ametlla (2022). También conseguí clasificarme para representar a España en el Campeonato del Mundo en Samorín, Eslovaquia, justo durante la pandemia.

Allí terminé en el puesto 13 y logré la mejor bicicleta de todo el Mundial, aunque en la carrera a pie pagué un error básico: no comer bien durante la prueba y me dio una “pájara”.

Además, he hecho otros retos muy duros como 100 maratones en 100 días consecutivos, correr en el desierto o competir en swimrun, una disciplina que mezcla natación y carrera durante unos 40 kilómetros.

P. Tras la lesión que te obligó a parar, ¿cómo fue la recuperación?

R. Ha sido el reto más duro de mi vida. Todo empezó con una lesión de menisco que parecía sencilla, pero se complicó muchísimo. Me reconstruyeron el fémur con hueso de mi propio cuerpo, luego me hicieron una osteotomía, un trasplante de hueso de donante y ahí comenzaron las infecciones.

Llegué a tener dos bacterias en la rodilla, una de ellas muy agresiva que no respondía a antibióticos. Pasé meses en una cama de hospital, al final he tenido más de 15 operaciones. Hubo momentos en los que los médicos incluso se plantearon amputarme la pierna. Finalmente el doctor Manuel Leyes consiguió controlar la infección y ahora llevo una prótesis total en la rodilla. Después de todo aquello, mi objetivo es simplemente poder llevar una vida normal.

P. ¿Qué es Corre Libre y qué significa para ti?

R. Corre Libre nace de mi propia historia. Durante los años que estuve en prisión corría en un patio de 110 metros rodeado de muros de hormigón. Aquello era mi libertad. Cuando salí, dije que iba a hacer como Forrest Gump: correr y no mirar atrás. Con unos amigos que trabajan en la producción de La Voz decidimos crear la marca y el proyecto Corre Libre.

El club tiene un componente social muy fuerte. De hecho, cuando estaba en prisión monté un club de running con más de 100 internos y conseguimos que muchos dejaran adicciones gracias al deporte.

Hoy en Corre Libre hay personas con ictus, cáncer, distintas enfermedades o discapacidades, gente a la que incluso le dijeron que no volvería a caminar y que ahora ha hecho el Camino de Santiago en etapas de 25 kilómetros.

Mi idea es simple: si alguien quiere entrenar y no puede pagarlo, yo le tiendo la mano

P. Tras la lesión que te obligó a parar, ¿cómo ha sido la recuperación?

R. Ha sido el reto más duro de mi vida. Todo empezó con una lesión de menisco que parecía sencilla. Pero la operación se complicó muchísimo. Me reconstruyeron el fémur con huesos de mi propio cuerpo, luego se rompió, me hicieron una osteotomía, un trasplante de hueso de un donante y ahí llegaron las infecciones.

Tuve dos bacterias en la rodilla, una de ellas muy agresiva que no respondía a antibióticos. Pasé meses en una cama de hospital y al final llevo más de 15 operaciones.. Hubo momentos en los que los médicos se plantearon amputarme la pierna, y yo hablaba con ellos preguntándoles cómo era ese proceso porque estaba realmente asustado.

Finalmente el doctor Manuel Leyes consiguió controlar la infección. Me retiraron el injerto infectado, me pusieron una prótesis total y ahora intento simplemente tener una vida normal.

P. ¿Cómo imaginas al Juanmi del futuro?

R. Sé que lo mío es degenerativo y que seguramente tendré que pasar por más operaciones porque las prótesis se desgastan. Pero tengo claro algo: la actitud mueve mundos. Si te sientas en el sofá y te encierras en ti mismo, estás perdido.

Lo importante es tener objetivos, mantener la mente ocupada y rodearte de gente que te ayude a seguir adelante. Mi objetivo es simple: seguir haciendo algo de deporte y seguir inspirando a otras personas.