Artículo de opinión de Gabriel Trejo, Licenciado en historia y experto universitario en criminología
Conocí a Serigne Mbayé una fría mañana de hace un par de años que fui invitado a un debate sobre la policía para el programa “Al lío” de Canal Red. La invitación venía de parte de Gonzalo, otro amigo que anda por estos mundos desfaciendo entuertos y dando un ejemplo de honestidad política y personal difícil de igualar. No estaba muy convencido del asunto por el medio donde se iba desarrollar el debate, ya que me imaginaba que iba a ser un territorio hostil con escasa imparcialidad, como por los otros participantes en la cuestión. Íbamos a ser cuatro contertulios: Youssef Ouled y Sergio Garcia, de“sin poli”, colectivo que aboga por la supresión de la policía por sus continuas , según ellos, vulneraciones de derechos humanos; y Serigne Mbaye, ex diputado de Podemos, además del que suscribe.

El título del programa ya asustaba: “Racismo, abuso de poder y violencia endémica: el problema de la policía”. Por tanto, ni el cartel ni la plaza era para tomárselo a broma, pero tan dado como soy a meterme en charcos, como dicen mis amigos y amigas, acepté la invitación y allí me presenté tras documentarme de forma intensa tanto del personal con el que iba a debatir como de los argumentos que podía encontrarme enfrente.
Yo pensaba que el debate iba a ser: “todos contra el poli”, o sea contra mí, pero tras las intervenciones iniciales, muy radicales por parte de los participantes del colectivo “sin poli”, y pausadas y tranquilas las de Serigne, me percaté que Serigne Mbayé estaba más cerca de mis postura, incluso que hacia una defensa tranquila, como su habla, y lógica de los servicios de policía. Evidentemente no defendía una policía abonada a las identificaciones policiales por perfil racial, como ha demostrado la universidad de granada en sus trabajos; ni a una policía con una afiliación masiva a las organizaciones sindicales próximas a VOX. Serigne, a diferencia de los otros dos contertulios, en ningún momento defendió la abolición de la policía como pedían el resto. No, él entendía que el trabajo policial era necesario, complicado, pero necesariamente reformable en sus procedimientos internos y hacia la sociedad. Sí a la policía, pero a otro tipo de policía muy distinta a la que él, y muchos africanos, veían a diario en Lavapiés.
Cuando terminé el debate charlé durante unos minutos con Serigne, los otros contertulios, aunque correctos, mantuvieron una proverbial frialdad hacia mí, y descubrí a un hombre de cálida sonrisa, voz dulce y abrumadora humildad. Serigne habla en susurros, miraba a la cara con cierta timidez, y su sonrisa no tenía nada de impostada. Me imagino que algunos pensaran que estoy “blanqueando” la imagen de Mbayé , y yerran en ello, porque a Serigne no hace falta blanquearle, entre otras cosas por estar orgulloso de su negritud como yo de su orgullo africano. Serigné ha venido a España en busca de una oportunidad, al igual que millones de españoles emigramos a Francia, Bélgica, Alemania… Serigne tiene abierto un par de negocios, cotiza a la seguridad social, paga sus impuestos, crea empleo, participa en la política y los movimientos sociales de Madrid, pero es negro y defiende una sociedad más justa, inclusiva, diversa, sin distinciones por color de piel, religión o forma de pensar, y eso tiene un precio. Serigne es uno de los nuestros, quieran o no los odiadores y los racistas, y por eso, por ser uno de los nuestros siento lo que le ha pasado. ¿Supone eso que esté en contra de la actuación policial?
No tengo datos para valorar lo sucedido, y por tanto guardaré una dolorosa y prudente equidistancia en el asunto. Sólo él y los policías saben lo que pasó, y a ellos les corresponde contar sus versiones. Yo las espero porque en esto nadie gana; ni la policía que vuelve a ser estereotipada por parte de la sociedad, ni Serigne sobre el que se ha proyectado una imagen que no corresponde con su forma de ser.

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