Artículo de opinión de Gabriel Trejo, licenciado en historia y experto universitario en criminología
Abonado como estoy al debate, y aun a sabiendas de los crueles embates que recibiré, creo obligado a dar mi punto de vista de un tema de candente actualidad: la disciplina, el honor y el amor a la patria que algunos utilizaban de forma artera.

Foto: Magazine SLV
Todo nace con una orden, legítima, del poder civil al militar, que poco acostumbrado a lidiar con aquello que no le sea ideológicamente afín, como cabra montaraz rebrinca y saca a relucir algo tan español como el honor de un militar, ese concepto construido en base a preceptos morales caducos y que tanto dolor han conllevado en forma de guerras civiles y asonadas militares.
Aclaremos algunas cuestiones; la Constitución española en su artículo 104, establece de forma clara que: las fuerzas y cuerpos de seguridad, y por tanto la guardia civil, “dependen del gobierno”, al que deben obediencia. La Ley orgánica de los derechos y deberes de la Guardia Civil, en su artículo 16 amplia la cuestión y dice: “Los miembros de la Guardia Civil deberán adecuar su actuación profesional a los principio de jerarquía, disciplina y subordinación” . Pero si no fuera suficiente, el propio Código de Conducta del Guardia Civil establece que su artículo 13 que : permanecerán “alejados del discurso político y del debate partidista”.
Por tanto, que un General apele al honor del cuerpo para desobedecer abiertamente a un superior y transgredir de forma clara el código de conducta, para mí, aún sabiendas de los aplausos con sabor rancio que ha cosechado, me parece cuando menos reprochable. Quisiera saber yo el fuerte “crujido” que dicho general aplicaría a cualquier subordinado suyo que se atreviera a la mitad de lo que él ha desobedecido. Se le debe recordar al general que los guardias civiles tienen derecho a la libertad de expresión, y así lo reconoce la Sala de lo Militar de dicho tribunal , pero ese derecho no es absoluto; “sino dentro de los límites que marca el régimen disciplinario”, y la falta de imparcialidad, la desobediencia abierta, el fomentar el debate partidista en un soldado debería haber conllevado consecuencias, y así evitamos la sensación de impunidad. No se trata de no tener ideas propias en política, pero mientras se vista el uniforme y se invoque la condición militar, no se debe favorecer ni provocar ningún debate político. Si se quiere participar en política que haga como los generales que se afilian a vox y se presentan en listas. Lo demás sobra “mi general”.
También el honor es una excusa para olvidar su obligada obediencia e imparcialidad política, y se apela a él como algo que una vez perdido no se recupera jamás. Quizás debía el general saber que: según cifras oficiales, son más de ochocientos los guardias civiles que han tenido problemas legales en la última década (según datos del Congreso de los diputados); de los cuales 131 han sido detenidos por narcotráfico; que existe un informe de asuntos internos en un procedimiento abierto en la Audiencia Nacional, donde de forma textual se dice: “existe un grave problema de corrupción policial en la zona sur de España”. Y por no eternizarnos, valga como dato que en un solo caso de corrupción interna se habla de ciento ochenta millones en contratos alterados para suministrar uniformes a la Guardia Civil, amén de un teniente general, dos generales, y un sinfín de jefes y oficiales detenidos por asuntos parecidos. Por tanto, el roto en el uniforme del honor es evidente, mejor no apelar a ello …”mi general”.
La patria, como casa común de todos y todas las españoles, no puede ser apropiada por una parte de la sociedad, a la cual apelan , al igual que la bandera, para atizar a todo lo que no encaje en su idea política, religiosa o sexualmente afectiva. La patria es España, y tan español es un vasco como un extremeño, tan español es Lamine Yamal como Santiago Abascal, y tan meritorio es la defensa que de ella hace Mohamed recogiendo tomates en Almería, como Antonio subido en el andamio, y Jesús patrullando con su compañero de pareja los campos y pueblos de España.
Flaco favor hace a los miles y miles de guardias civiles y policías cumplidores con la legalidad vigente aquellos que, henchidos de vanidad y momentos de gloria, apelan a conceptos trasnochados que huelen a las pastillas que mi abuela ponía en los armarios para evitar que se apolillara la ropa.

NOTICIAS
La segunda estrella se ha bordado con clase e inteligencia táctica
El patio del colegio hace vulgar a Francia
Oda a Luis de la Fuente