1 de septiembre de 2026

La izquierda y los toros

La izquierda y los toros

Artículo de opinión de Gabriel Trejo, licenciado en historia y experto universitario en criminología

No me gusta escribir sobre asuntos locales dado que en el ecosistema político local se aposentan lo más gris de la clase política. No obstante, creo necesario hacer una reflexión sobre la izquierda a la izquierda del PSOE (y valga la redundancia) y su enarbolado de las viejas banderas ideológicas que los relega a un papel testimonial en las elecciones.

Los partidos que más defienden la cosa pública (sanidad, pensiones, educación, vivienda) y con los que debería estar más de acuerdo por ser los asuntos que considero importantes, hacen miles de cábalas y echan la culpa de su escasa aceptación a remotas ideas y mares lejanos, por no ser capaces de ver que sus posicionamientos sobre algunas cuestiones les aleja del votante medio.

El tema del encierro, no tanto las corridas de toros, pero si la capea de vaquillas y la cabestrada, son parte de la cultura popular de sanse, y situarse en contra es situarse fuera de la posibilidad de ser opción de gobierno. Si quieres gobernar para la gente debes estar con ella, no contra ella.

Años disputé con un furibundo antitaurino la escasa relevancia que el movimiento animalista tenía en sanse. Cuando él se enorgullecía de las ciento y pico personas que asistían a la manifestación antitaurina del primer día de fiestas, yo lo comparaba con las decenas de miles de personas que participaban en la cabestrada, pese a ser un acto que por entonces no estaba en el programa de fiestas. El boca a boca era suficiente para que miles de vecinos y forasteros asistieran a un acto que simplemente era el traslado y acostumbramiento de los mansos a la faena que tendrían desarrollarían durante fiestas, frente a la insistente campaña publicitaria que ellos, los animalistas, realizaban para poder juntar un centenar de personas en su manifestación antitaurina.

Aquellos intensos debates solían terminar abruptamente cuando el animalista, sin recursos dialécticos para rebatirme, argumentaba con mal gusto alegrándose de la sangre vertida por algún torero, corredor, o directamente pedía que hubiese una desgracia colectiva en el transcurso de algún evento taurino. Algo inexplicable para una persona que decía luchar contra el sufrimiento de los animales pero que no empatizaba con ningún ser humano, hasta el punto de desearle la muerte por ahorcamiento. Eran tan grandes sus desafueros que decidí cortar por lo sano el día que me mandó una desagradable foto que rozaba el enaltecimiento terrorista para justificar su antitaurinismo En fin, cosas de estos tiempos.
Al igual pasa con la bandera. Algun@s consideran insano desde el punto de vista de la pureza ideológica el portar la bandera de España, siendo sustituida insistentemente en los actos y representaciones por la republicana. Nada más lejos del monarquismo que mis posicionamientos, pero hay que tener inteligencia política y saber los tiempos que corren, como la que demostró Santiago Carrillo que declaró que la bandera de España, y por tanto del Partido Comunista, pasaba a ser rojigualda en una serie de pactos que conllevaron a mayor nivel de bienestar social. Pues aquí mis amigos “erre que erre” con un republicanismo que el día que abdicó el “campechano” Borbón, concentró en todo el país a menos gente que un partido de barrio, las concentraciones del 14 de Abril en el Parque la Marina (catorce asistente a una que fui) … o las manifestaciones antitaurinas de sanse. Aferrarse desde el púlpito a lo que la gente le no le importa no lo considero una buena estrategia electoral. No obstante, el tiempo me dará o quitará la razón.

Para ser de izquierdas no hace falta ser, entre otras cosas, antitaurino y republicano, porque taurinos eran Lorca, Alberti, Miguel Hernández, Machado Azaña, Julio Anguita… y un largo etcétera. Y todos defendieron la república, incluso con su vida, pero supieron ver que en el alma española está fuertemente arraigada la costumbre del toro en la calle, en la plaza y en la fiesta, e igualmente Santiago Carrillo aceptó la bandera rojigualda porque sabía que había que mirar para adelante, sin olvidar el pasado para no estar obligado a repetirse, pero lo importante en aquellos momentos no era el debate de la bandera, sino el tipo de país que se quería: con libertades, con trabajo digno, educación universitaria universal, autonomías para mejor gestión de lo público (aunque luego no ha sido así), entrada en una Europa que nos veía con recelo. Carrillo vio que para participar en lo que se estaba “cocinando” y favorecer a la clase trabajadora había que centrarse en lo importante, y lo importante no eran los símbolos, sino el resultado, y llamarme resultadista, pero fue un acto de inteligencia política que ahora no veo, porque los pisos siguen subiendo, la jubilación retrasándose, las mujeres muriendo, los trabajos precarizándose, y los más vulnerables sin protección social. Actualmente se está a lo que no importa a la gente, y eso no es un banderín de enganche que te permite ser importante en las decisiones políticas, sino residual.

Os voy a contar un cosa que he comprobado “in situ” durante en varias ocasiones: todos los años se celebra el campeonato de España de Duathlón en Alcobendas, y asisto puntualmente como motorista voluntario de mi club (Ecoesport Alcobendas) llevando a los jueces de la competición que velan por el buen desarrollo durante la prueba ciclista. Todas y todos los chicos, desde los más pequeños hasta la consagrada élite, llevan en la bicicleta (salvo los deportistas Vascos) la bandera nacional, bien porque compiten fuera de España, o bien porque se siente representados por ella. Gallegos, extremeños, castellano-manchegos, madrileños… todos y todas llevan la bandera en su bicicleta. ¿Cómo quieres pedir el voto a la gente joven si enarbolas una bandera con la que no se sienten identificados?
Para gobernar a la gente tienes que estar con ella, insisto, no contra ella y lo que consideran su identidad como pueblo. Proponer fiestas alternativas donde la zumba, las batucadas, las carreras de saco, y las paellas populares sustituyan a tradiciones ancestrales unidas a la identidad de los pueblos, es un error gravísimo que sitúa a quien lo defiende fuera de la posibilidad real de ser opción de gobierno.

Por no aburrir al lector o lectora no entro en profundidad sobre si la fiesta de los toros es una fiesta racional o no. Todos sabemos que con el tiempo variará a otra cosa distinta a la que es en la actualidad, y prueba de ello es la reducción de las corridas y el aumento considerable de los toros en la calle o los concursos recortes por semiaficionados. El escaso rigor de algunas plazas en la presentación del ganado ha expulsado a los aficionados de los ruedos (felicito a Carlos Bolarín por la dedicación para que sanse vuelva a tener prestigio con la presentación del ganado en el encierro) , siendo la gente del mundo del toro los primeros antitaurinos por su avaricia económica y falta de escrúpulos.

Dicho lo dicho, considero un error haber prohibido la manifestación antitaurina, al fin y al cabo, los taurinos lo íbamos asumiendo como algo parte de las fiestas, y su prohibición ha hecho visible un asunto que la gente de sanse no le prestaba la más mínima atención.

Me despido de ustedes queridos lectores y lectoras con la frase de moda: “Chao Pescao”.