30 de octubre de 2026

El ego de las izquierdas

El ego de las izquierdas

Artículo de opinión de Gabriel Trejo, licenciado en historia y experto universitario en criminología

Se consumó la tragedia. Los egos e intereses personales, léase sueldo y sillón, de los representantes a la izquierda del PSOE han roto la ilusión y esperanza de miles de españoles y españolas. Da igual quién fue, cómo fue, quién empezó, y si hubo o no ofertas maliciosas y dirigidas al NO acuerdo. ¡ Todos y todas son Culpables ¡, y que no me cuenten estocadas añejas, traiciones consumadas y vetos cruzados que ya son historia . Me da igual, y creo que al común de los mortales lo mismo.

Foto: Gabriel Trejo

Con la motosierra a las puertas de mi casa y la de mis vecinos, amigos y familiares, no era el momento de ponerse a vengar cuitas anteriores, sino de tragar sapos, ser generoso, olvidarse de inquinas, y firmar el acuerdo que hubiese podido frenar el avance de la ultraderecha, los recortes y el sufrimiento de la gente.
Si hubo alguna vez duda que el interés general queda subordinado al interés personal y de partido, con el NO acuerdo ha quedado borrada. Los que antaño eran amigos, incluso se prestaban casas en Asturias para que veranease el amado líder y su cartel electoral, hoy se muestran inflexibles en la negociación arañando lo que antes era una lealtad inquebrantable y ahora es un exacerbado enconamiento.

Unos, los que llegaron a poder ser una realidad alternativa a un PSOE cada vez más girado al centro derecha, se han ahogado en su propia soberbia y endiosamiento, y subidos al púlpito desde el 15-M, han stalinizado una idea que nació con la gente sentada en corros aprobando o echando abajo las ideas con las manos. Pasamos del todo somos iguales y no nos representan, al hiperliderazgo y tengo que ser yo o la nada más absoluta.

Los otros, aquellos que llevan lustros saltando de Titánic en Titanic antes del hundimiento cuando barruntan que el vendaval puede arrastrar la nave donde navegan, a lo de siempre: a salvar la magra nómina que el mercado laboral está que no hay quien vaya.

Me ha resultado extraña la posición de Gabriel Rufián, quien parecía ser el pegamento necesario para unir el roto, y que se desmarcó con un pacto que aumentó más el desconcierto. De del : “ si soy yo … palante” , pasamos al “por mí primero y por mis compañeros” . La única excusa que se me ocurre está relacionada con que se diese cuenta que aquello era un pandemónium que podía dejarle algún roto en el impoluto traje de diputado estrella.

Ahora están en la guerra del relato, y para ello utilizan las redes sociales y los correspondientes clubs de fans, sin darse cuenta que una mayoría silenciosa ha apretado los dientes, ha tomado nota y se lo hará pagar en las urnas

Me barrunto que algunos y algunas no han medido suficientemente la tensión aplicada a la cuerda, y , pese a que su campaña va a ser aguerrida y llamativa, esa mayoría silenciosa que no participa en los debates de las redes sociales los mandará al ostracismo. Como dice un amigo mío: “la hostia puede que se oiga en China”. Puede, y si así sucediera se lo han merecido