20 de octubre de 2026

Carlos Solans Díaz analiza la deflactación del IRPF y el impacto de la inteligencia artificial en las empresas.

Carlos Solans: «La deflactación del IRPF resta poder adquisitivo y la inteligencia artificial cambiará las empresas»

Carlos Solans Díaz, CEO de Compromiso Empresarial Consultores y SynapsIA, analiza en Magazine SLV cómo la falta de actualización del IRPF reduce la capacidad económica de las familias y dificulta el ahorro para acceder a una vivienda. El empresario también aborda el impacto de la inteligencia artificial en el empleo, la competitividad de las pymes y la burocracia, y defiende una Administración capaz de resolver en horas trámites que hoy se prolongan durante meses.

Carlos Solans Díaz, empresario y defensor de la pyme

Empresario. Defensor de la empresa en general y de la pyme en particular. Habla claro de fiscalidad, empresa, IA y libertad económica. CEO de Compromiso Empresarial. CEO de SynapsIA.

Deflectación del IRPF: El impacto de la inflación en las familias

La subida silenciosa: ¿cómo se le explica a un ciudadano que, ganando lo mismo en su nómina, Hacienda le cobra más impuestos por no actualizar el mínimo de 5.550 euros?

Es lo que se conoce como una subida de impuestos en frío. Todo contribuyente tiene un mínimo personal de 5.550 euros que no tributa, independientemente de lo que gane. Se entiende que es la cantidad que una persona necesita para cubrir sus necesidades más básicas: comer, vestirse y mantener un hogar. La propia cuantía resulta discutible. A esa cifra se añaden cantidades según las circunstancias personales y familiares, por ejemplo, si se tienen hijos, se cuida de personas mayores o se tiene una discapacidad.

Pensemos en algo tan cotidiano como llenar la cesta de la compra: la leche, el pan y los productos de todos los días. Esa cantidad exenta se pensó para cubrir esas necesidades. El problema es que los 5.550 euros del mínimo personal en 2026 son exactamente los mismos que en 2015, mientras que la cesta de la compra es hoy un 30 % más cara. Dicho de forma sencilla, con ese mismo dinero puedo comprar un 30 % menos de bienes.

El resultado es que mi nómina, sobre el papel, no ha cambiado, pero mi capacidad real de compra sí. Hacienda me trata como si nada hubiera ocurrido: me cobra impuestos sobre una parte de mi renta que antes estaba protegida y que hoy ya no alcanza para lo esencial.

Nadie ha aprobado una subida de impuestos ni ha tenido que dar la cara por ella y, sin embargo, el ciudadano paga más. Por eso la llamamos subida silenciosa.

¿Qué ejemplo permite entender el efecto de no actualizar el mínimo personal del IRPF?

Pensemos en un trabajador con un salario bruto anual de 20.000 euros. Si se dejan exentos 5.550 euros, quedan 14.450 euros sujetos a tributación.

Con una cesta de la compra un 30 % más cara, el salario actual permite adquirir lo que en 2015 se compraba con unos 15.400 euros. Para mantener la protección económica que existía entonces, el mínimo exento debería situarse en torno a los 7.200 euros, resultado de actualizar los 5.550 euros en función de ese incremento de precios.

Eso significa que casi 1.700 euros que antes estaban protegidos pasan a tributar. Con los tipos más bajos del IRPF, el efecto puede suponer entre 350 y 450 euros adicionales al año, mientras que en los niveles más altos puede alcanzar los 1.350 euros, según los cálculos que planteo.

¿Por qué considera que no deflactar el IRPF resulta especialmente atractivo para los gobiernos?

Un gobierno que quiere mantener un Estado social fuerte tiene dos caminos. El primero es decirlo abiertamente: considero que hay que atender el Estado social y mantener determinados servicios y, por tanto, subo los impuestos. Es una postura legítima y honesta. El ciudadano puede elegir entre más impuestos y más Estado, o menos impuestos y menos servicios financiados con recursos públicos. El gobierno asume el coste electoral de su decisión.

El segundo camino es obtener esos mismos recursos sin anunciarlo. Se deja que la inflación haga su trabajo y no se actualiza el mínimo exento, de modo que el ciudadano aporta cada año más al Estado sin que nadie le haya comunicado una subida.

El gobierno sigue financiando sus servicios, pero evita el coste político que tendría pedir ese dinero abiertamente. Por eso digo que es el sueño de cualquier gobierno y, en particular, de los socialistas: poder aumentar los servicios mientras, sin que lo parezca, se quita más dinero a los ciudadanos.

¿Cómo afecta esta pérdida de renta a las familias que quieren ahorrar para comprar una vivienda o pagar el alquiler?

Depende de cada caso, pero las cifras son importantes. Una familia media está pagando entre 350 y 700 euros más al año por no deflactar el IRPF, y hay contribuyentes que llegan a pagar 1.350 euros o incluso algo más, según mis estimaciones.

Es dinero que sale del bolsillo de la familia y deja de estar disponible. La renta que no tengo no puedo destinarla a nada: ni a ahorrar para la entrada de una vivienda, ni a afrontar la cuota de una hipoteca, ni a pagar un alquiler que, además, también sube.

Para quien está intentando emanciparse o comprar su primera casa, cada euro cuenta. Esta pérdida recurrente pesa mucho más de lo que parece a simple vista.

Se prefiere que el Estado te quite ese dinero y después te ayude con una cantidad similar. Por el camino se generan costes de gestión y burocracia. ¿No sería más sencillo que directamente no te lo quitaran y se quedara en tu bolsillo?

¿La pérdida de poder adquisitivo está contrayendo el mercado inmobiliario y tensionando aún más los precios?

La pérdida de poder adquisitivo agrava el problema, pero no es su raíz. La vivienda, como la leche o cualquier otro bien, responde a una cuestión de oferta y demanda: si la demanda crece y la oferta disminuye, el precio sube.

El precio de un producto no depende únicamente de lo que cuesta fabricarlo. También refleja lo que alguien está dispuesto a pagar. En una sociedad de abstemios, el alcohol no valdría lo que cuesta producirlo, porque no habría demanda. Con la vivienda ocurre lo contrario: es un bien básico y necesario, con una demanda elevada a la que no acompaña una oferta suficiente.

En España entran alrededor de 400.000 personas al año, según las cifras que manejo. Son personas que necesitan una vivienda desde el primer día y que no necesariamente cuentan con una herencia que les resuelva el problema. Sin embargo, no se construyen viviendas en la misma proporción.

El resultado es una demanda creciente frente a una oferta muy restrictiva. El propietario que vende sabe que, si sube el precio, probablemente encontrará compradores porque hay mucha gente buscando vivienda.

¿Cómo se soluciona? Construyendo vivienda a gran escala. Pero eso no se hace en dos días ni en un mes: lleva años y exige cambiar muchas cosas, empezando por una burocracia que hoy frena la construcción.

La tensión de los precios viene sobre todo de la escasez de oferta y del incremento de la demanda. La pérdida de renta de las familias empeora su situación, pero el problema de fondo es otro.

No olvidemos que, según mi planteamiento, aproximadamente el 40 % del coste de un inmueble corresponde a impuestos. Las administraciones tienen mucho que decir en este asunto. El Gobierno central, además, no puede desentenderse del problema mientras atribuye la responsabilidad a las administraciones autonómicas y locales.

¿Es la falta de actualización del IRPF especialmente perjudicial para las rentas bajas?

Sí. Hay una realidad muy sencilla: la inflación es uno de los fenómenos que más perjudican a las personas con menor poder adquisitivo y una de las peores noticias económicas para ellas.

Quien tiene rentas bajas dedica casi todos sus ingresos a cubrir necesidades básicas, especialmente la cesta de la compra y la vivienda. Cuando esos precios suben, no tiene margen para absorber el incremento y empieza a tener dificultades incluso para llenar la bolsa de la compra.

Si, además, el Estado no actualiza el mínimo exento, esa misma persona recibe un segundo golpe: ha perdido capacidad de compra por la inflación y, encima, paga más impuestos.

Son dos golpes sobre los mismos bolsillos. Por eso considero que esta situación es especialmente injusta con quienes menos tienen. La inflación perjudica a todos, pero afecta con mayor intensidad a las rentas más bajas.

¿Es justo que la fiscalidad y el acceso a la vivienda dependan de la comunidad autónoma en la que viva cada contribuyente?

Siempre he defendido la competencia fiscal y no me disgusta en absoluto. Cuando en Barcelona preguntaron a Isabel Díaz Ayuso si consideraba que hacía competencia desleal al bajar impuestos, la respuesta fue sencilla: que las demás comunidades hicieran lo mismo.

Todas tienen la posibilidad de hacerlo. Si no lo hacen, es una decisión política, no una imposibilidad.

Pensemos en lo que supone para la vivienda. Aproximadamente el 40 % de su coste son impuestos, entre ellos el IVA, el impuesto sobre transmisiones patrimoniales y los tributos municipales. En Madrid esa cifra puede rondar el 36 %, mientras que en otras ciudades puede acercarse al 42 %. Esa diferencia de seis puntos porcentuales supone un ahorro real para las familias.

Defiendo que se compita a la baja en materia fiscal y que se devuelva a las personas la capacidad de decidir sobre su dinero. Si Madrid es capaz de mantener una fiscalidad más baja, no hay motivo para que otras comunidades no puedan hacerlo.

Se trata de que el dinero circule en la economía, llegue a las familias y sean ellas quienes decidan cómo utilizarlo. Nadie va a elegir mejor que las propias personas. No niego que sea necesaria la redistribución, pero considero importante analizar cuánto dinero se extrae, especialmente de las clases medias, y a qué se dedica.

Inteligencia artificial: El futuro de las empresas y el empleo

¿Somos conscientes de lo que va a suponer la inteligencia artificial en los próximos años?

Creo que la gente todavía no es consciente de lo que va a suceder en los próximos años. Nadie sabe exactamente qué va a pasar, pero lo que más miedo me da es que la política está todavía por detrás de la sociedad.

En Estados Unidos quizá existe una mayor conciencia sobre esta transformación, pero en Europa y, por lo que veo, en España, no se le está dando la importancia que merece ni se está hablando suficientemente de ella.

Nosotros estamos implantando la inteligencia artificial en nuestra empresa y, desde febrero hasta prácticamente noviembre, no ha habido un momento en el que no me haya quedado con la boca abierta por lo que es capaz de hacer.

Recomiendo a todo el mundo que vea el documental The Thinking Game, sobre el trabajo de Demis Hassabis y la inteligencia artificial aplicada al plegamiento de proteínas, relacionado con el Premio Nobel. Es extraordinario.

¿Cómo está cambiando la inteligencia artificial el funcionamiento de las empresas?

La inteligencia artificial se puede analizar desde tres puntos de vista. El primero es que permite a las empresas hacer cosas que antes no podían hacer. En mi caso, como empresario, me permite llegar donde antes no llegaba y ofrecer productos y servicios que anteriormente estaban fuera de mi alcance.

Esto me iguala con las grandes compañías. Antes, empresas como KPMG o Accenture podían desarrollar proyectos que yo no podía abordar. Ahora puedo hacer muchas de esas cosas con unos recursos infinitamente menores.

El segundo punto es la capacidad de hacer las cosas en un tiempo infinitamente menor al que necesitaba una persona anteriormente. Y el tercero es la formación, porque la gente tiene que cambiar su mentalidad y aprender a trabajar de otra manera.

¿Qué riesgos plantea la inteligencia artificial para el empleo?

La segunda transformación es la más peligrosa, porque la inteligencia artificial puede realizar tareas en muchísimo menos tiempo que las personas y, en determinados procesos, hacerlo sin errores.

Esto puede provocar que desaparezcan muchísimos puestos de trabajo. Por eso es fundamental entender lo que está sucediendo. No podemos seguir trabajando exactamente igual que antes mientras la tecnología cambia a esta velocidad.

¿Qué cualidades necesitarán los trabajadores para adaptarse a esta nueva realidad?

Para mí, como empresario, la virtud más importante de un trabajador es su capacidad de adaptación.

Voy a poner un ejemplo muy sencillo. Toda mi vida he escrito en el ordenador, pero resulta que hablar con él es tres veces y media más rápido.

Ahora, cuando utilizo la inteligencia artificial, en lugar de escribir, hablo con ella. De esta manera, consigo trabajar mucho más rápido.

Imaginemos a alguien que lleva treinta años haciendo las cosas de la misma forma. Adaptarse a esta nueva manera de trabajar puede resultar muy difícil. Por eso, la capacidad de adaptación y de comprender esta transformación es fundamental para sobrevivir profesionalmente.

No me atrevería a predecir cómo será el futuro, pero sí sé que no se parecerá a lo que conocemos hoy.

¿Hasta dónde puede llegar la inteligencia artificial en los próximos años?

Estamos viendo novedades constantemente. He estado probando nuevos modelos de inteligencia artificial, como Gemini, y me he sorprendido con sus capacidades.

Para que se entienda, he conectado una de estas herramientas a mi correo electrónico y le he pedido que me avise de determinadas cuestiones.

En una ocasión, respondí a un cliente y, diez minutos después, la inteligencia artificial me advirtió de que le había contestado mal. Comprobé la respuesta y tenía razón.

La inteligencia artificial detectó un error sin que yo se lo pidiera expresamente, actuando de forma proactiva.

Esto es solamente un ejemplo. Imaginemos lo que puede suceder cuando cada dos o tres semanas aparecen novedades y modelos cada vez más potentes.

Me preocupa mucho que los responsables políticos no estén hablando lo suficiente de todo esto.

¿Puede la inteligencia artificial ayudar a reducir la burocracia y facilitar el acceso a la vivienda?

Creo que la transformación que viene con la inteligencia artificial puede ser mucho más importante que muchos de los problemas de los que estamos hablando actualmente, incluida la vivienda.

Si las administraciones públicas aprovechan esta tecnología para reducir la burocracia, podríamos disminuir los costes administrativos asociados a la construcción de viviendas.

Pensemos en un plan general de ordenación urbana que actualmente puede tardar doce años en elaborarse. Con la ayuda de estas tecnologías, quizá podría completarse en dos años. O imaginemos una licencia que tarda nueve o diez meses en tramitarse y que, gracias a la inteligencia artificial, pudiera resolverse en veinte días.

En algunos estados de Estados Unidos ya se están probando soluciones para reducir a horas trámites que antes duraban meses.

Reducir la burocracia significa reducir costes. Esto podría contribuir a rebajar los gastos administrativos y burocráticos que encarecen la vivienda.

Si tuviera delante a un responsable político, le diría que ese debe ser uno de sus grandes retos: conseguir que los procedimientos administrativos que hoy tardan meses puedan resolverse en horas. Es algo que considero perfectamente posible.

¿Qué experiencia tiene Compromiso Empresarial Consultores en el asesoramiento a empresas?

En Compromiso Empresarial Consultores nos dedicamos a apoyar a los empresarios. Llevamos 25 años trabajando con empresas y hemos atendido a más de 500.

Conozco muy bien sus problemas porque los he vivido de muchas maneras. En numerosas ocasiones existe una lucha entre las empresas y el sector público, y yo, en este caso, defiendo a las empresas.

Me paso buena parte de mi vida resolviendo problemas administrativos relacionados principalmente con Hacienda y la Seguridad Social, ayudando a las compañías a desenvolverse en sus relaciones con la Administración.

Esa experiencia me ha permitido conocer de primera mano las dificultades que encuentran los empresarios y las oportunidades que existen para mejorar sus procesos.

¿Cómo nace SynapsIA y qué servicios ofrece a las empresas?

SynapsIA nace de la unión de dos conocimientos: mi experiencia en el mundo empresarial y todo lo que he aprendido sobre inteligencia artificial.

Llevo tres años profundizando en esta tecnología. De esa combinación ha surgido esta nueva empresa, cuyo objetivo es ayudar a otras compañías a implantar la inteligencia artificial de manera eficiente.

Queremos que las empresas puedan aprovechar realmente sus posibilidades, responder mejor a sus clientes y atender de forma más eficaz las necesidades que estos les plantean.

No se trata únicamente de incorporar una herramienta tecnológica, sino de saber utilizarla correctamente para mejorar el funcionamiento de las organizaciones.

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