4 de junio de 2026

¡Qué asco!

¡Qué asco!

Artículo de opinión de Gabriel Trejo, licenciado en historia y experto universitario en criminología

La actualidad periodística nos trae de nuevo la cara más amarga de la política de este país. Corruptelas, enriquecimientos ilícitos, sospechas de enchufismos endogámicos, utilización de recursos públicos para intereses político personales, sombras sobre contrataciones públicas, etc,etc.. utilizando un neologismo juvenil: un verdadero ascazo.

Lo grave de todo esto no es el hecho en sí, difícil de digerir para la ciudadanía, sino las explicaciones sobre las golfadas que rozan lo caricaturesco: unos hablando de que lo de la policía patriótica es cosa del pasado y que ellos son nuevos, jóvenes y lozanos , siendo los ¡!! treinta casos de corrupción que le quedan todavía por juzgar ¡!! cosa de otros, que ellos no estaban ni se les esperaba, aunque lleven varios lustros en cargos internos del partido; y los otros escudándose en una campaña de los poderes del estado para torcer el brazo a la voluntad popular y facilitar el acceso del PP al poder.

No voy a negar que la confianza que se puede tener en la justicia de este país es escasa, basándome para tal aseveración en que quién es capaz de descubrir la marca del pintalabios que utilizó la primera dama en sus visitas a la universidad complutense, es incapaz de colegir quién coño en “eme punto Rajoy”. Tampoco voy a negar que el comportamiento de la UCO, al igual que pasa con la justicia, me crea muchas dudas por conocer el patio y por la laxitud con el que están llevando a cabo el famoso informe “del novio de Ayuso”. No sólo hay que ser políticamente imparcial, sino parecerlo, y visto loque acontece, que no es poco, la velocidad e ímpetu de una investigación es inversamente proporcional al esfuerzo que se emplea en la otra.

Dicho lo dicho, no voy a poner paños calientes ni guerrear por el relato minimizando comportamientos que, si no fueran constitutivos de delito, si que son por lo menos impropios de persona inteligentes por no decir éticamente inaceptables.

La mayoría de nosotros y nosotras NO entendemos cómo un ex presidente del gobierno, que cobra una suma cercana a los ocho mil euros mensuales de por vida, tenga la necesidad de “asesorar” a nadie. Me viene a la cabeza la respuesta de Don Julio Anguita (ahora más que nunca el tratamiento de Don es merecido visto lo visto), que cuando fue preguntado qué actividad iba a realizar tras dejar la política, dijo aquello de: “tengo mi viejo Peugeot, mi ordenador y mi paga de maestro jubilado… no necesito más”.
Cada vez se hace más necesario en la política española de la figura que se situaba detrás de los emperadores romanos en los triunfos con los que eran agasajados durante su mandato, y cuya única misión era susurrarle al oído mientras recibía los aplausos del pueblo: memento mori (eres mortal), y por lo tanto sujeto al escrutinio de la justicia.

Si esa figura hubiera existido, seguro que el recuerdo de la mortalidad a los implicados en el caso “kitchen”, les hubiera impedido actuar como lo hicieron. O en la orilla contraria , hubiera susurrado…”presidente… tu mujer será muy buena oradora, pero si no tiene titulación universitaria no puede estar de profesora en un máster”; y ni decir tiene que al que hasta casi ayer se consideraba el referente moral de la izquierda: “mira majo… con los ocho mil euros que cobras de por vida, amén de que puedes recuperar tu plaza de profesor universitario y dar alguna conferencia por la que podrás sacar algunas perrillas , te deberías conformar…porque lo demás puede llevarte a tener problemas, llámese asesoramiento y/o conversaciones y esté o no dentro de los márgenes legales… “.

Con una medida de este tipo, ya que nombran asesores a dedo a cascoporro que sirven para algo ¡coño!, y una ley que impidiese la profesionalización de la política como medio de vida (hay mucho Abascal en la política española), no nos veríamos obligados a comprobar con pesadumbre que somos los pagafantas de unos cuantos desalmados. ¡!! Ay Don Julio ¡!! Cuánto le añoramos.